Esta columna no puede ser objetiva ni neutral. Aún recuerdo el grotesco cortejo fúnebre de la reina de Inglaterra. Después, el esperpento de la coronación ... de su hijo y ahora, lo mismo te digo del entierro del Papa. El business mediático nos ha machacado toda la semana sin compasión. Y si no quieres taza, espérate que nos queda la fumata. Sé que es un comentario manido, pero resulta ofensiva la ostentación del poderío vaticano. No solo por los fastos enterrando al Papa de los pobres, sino por la exhibición de una falsa religiosidad de algunos personajes, en una época de descreimiento y laicismo urbi et orbi. Menos mal que a la peña, inasequible al desaliento, igual le da una coronación, una boda real que un entierro. El caso es no quedarse en casa y echarse a la calle haciendo horas de cola delante de un vivo o un muerto «¿Cuántas horas llevas? «Yo cinco». «Pues yo, seis, te gano». O sea, para ir al urinario y no echar gota, tío.No se diferencia mucho la puesta en escena de una coronación, una boda o un entierro. Las pequeñas anécdotas de los estilismos, el decorado del templo, el protocolo, los coros y danzas, la ceremonia y la apoteósica llegada de los reyes, los novios o el féretro. Y no hay más. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. La posteridad les juzgará y hablará de ellos, bien o mal. Eso no importa. Las religiones y las ideologías lo soportan todo. Que el espíritu santo ilumine al cónclave cardenalicio. Y que no se olvide de nosotros.
Suscríbete los 2 primeros meses gratis
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
¿Por qué ya no vemos tantas mariposas en Cantabria?
El Diario Montañés
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.